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Eventos
Seminario Internacional: 
"Las amenazas a la democracia en América Latina: Terrorismo, Neopopulismo y Debilidad del Estado de Derecho" 
Bogotá, 6 y 7 de Noviembre de 2003, Hotel La Fontana

Ponencias

Juan Manuel Santos, Ex Ministro de Hacienda, Colombia 

Cuando me propusieron para hablar sobre el neopopulismo y la alternativa a ese neopopulismo que está surgiendo en América Latina yo les confesé que se me hacía “agua la boca” porque era un tema frente al cuál he venido discutiendo y hablando mucho y sobre todo después de las ultimas elecciones aquí en Colombia es un tema de mucha actualidad. 

Pocas cosas son mas parecidas que el populismo de izquierda y el populismo de derecha. Lo de que los extremos se atraen no es solo una frase balada, es una frase también de política. Si la izquierda y la derecha demagógica revisaran sus fundamentales verían que son casi como hermanas, que no hay razón para sostener cruentas batallas, que lo único lógico donde hay tantas semejanzas es una alianza contra ese enemigo común que en el caso colombiano son esos 39.990.000 colombianos que no han sido recibidos ni en el club de la izquierda populista ni tampoco en el club de la derecha demagógica.

El club de los populistas radicales quién no creyera es un club bastante excluyente. Para la izquierda demagógica en este país vamos de mal en peor, el gobierno arrodillado a las multinacionales al FMI cada vez es más reacios a garantizar condiciones básicas de vida para todos los colombianos. No parecen haberse enterado por ejemplo que en los último 25 años la cobertura de electricidad  y los servicios de acueductos ya llegan en las ciudades al 99%, pero al populismo de izquierda poco le importa el acceso al agua que una esencia de la dignidad del ser humano.

Para la derecha demagógica también cada vez vamos de mal en peor, todo a sido saqueado y eso justifica una masiva evasión de impuestos. El gobierno es un gran hueco negro tampoco parece haberse dado cuenta que mientras ahogaban al país en discursos agresivos para justificar su existencia, su procedencia y su vigencia ese hueco negro, que para ellos es el gobierno, originaba una disminución en la desnutrición infantil de un 66% en los último 25 años. 

La esencia de la izquierda y la derecha demagógicas populistas  populista es destruir nunca crear. La demagogia poco lee no necesita hacer el esfuerzo de comprender, la demagogia opina nunca argumenta. Eso de argumentar es que es difícil, la retórica que todo lo puede destruir tiene la ventaja de crecer como la maleza.

El populismo de izquierda y de derecha hace excelentes opositores mediáticos, hace también pésimos gobernantes. Nadie a podido descubrir todavía un método alternativo a las ideas y a los conceptos para gobernar.

Izquierdas y derechas demagógicas aman los lugares comunes. La expresión cotidiana de la retórica son los lugares comunes. Siempre están luchando con conceptos genéricos altisonantes pero de poco impacto en el estado de la sociedad.

Un concepto fundamental en la política es que aquello cuyo un verso es una estupidez es en sí mismo una estupidez. Ensayemos una frase clásicamente demagógica “ aquí hay que propender por un estado que garantice una sociedad equitativa dentro de un entorno de desarrollo sostenible libre de corrupción y política”.

Veamos ahora su opuesto: “hay que propender por un estado que imposibilite una sociedad equitativa mediante un entorno de desarrollo insostenible controlado por la corrupción y la politiquería”. 

Que bueno sería que un día de estos se haga un referéndum corto y conciso contra los lugares comunes, eso realmente si fuese una  contribución a la defensa de nuestros derechos fundamentales políticos. Los demagogos, los populistas son los paladines de las sentencias sin contenidos. Su misma superficialidad los conduce a ser los enemigos de las consecuencias. Su superficialidad lamentablemente los hace permanecer en absoluta ignorancia respecto de las causas. La izquierda y la derecha demagógicas son proclives a los lugares comunes por una simple razón: “porque los medios aman los lugares comunes”. Por eso la demagogia es fundamentalmente mediática. Aquí no paran las similitudes, la demagogia de izquierda y derecha es mesiánica, tiene una respuesta simple para todo”: la demagogia es la verdad revelada”. 

Para la izquierda demagógica los problemas de los servicios públicos terminaran el día en que el estado vuelva a ser el dueño de los activos. Parece que por un acto milagroso los activos cuestan menos cuando son públicos que cuando son privados.

Parece que nunca le quedó claro que lo malo de los monopolios públicos y privados no es aquello de lo público o de lo privado es lo de lo monopolios.

Para la derecha demagógica el estado es un sin sentido. El mercado es la solución, como el caso de la izquierda demagógica a la derecha de la economía tampoco parece dársele particularmente bien.

La defensa del mercado, sobre todo en países como los nuestros, es la defensa de lo inexistente. La teoría económica a tenido claro desde siempre que los mercados perfectos no existen y que el eje de la política económica, una de las principales funciones institucionales de todo gobierno, es precisamente simularlos.

Es casi poético eso de la defensa de lo inexistente pero así del populismo: “poesía mala pero poesía al fin y al cabo”.

La fe en los mercados es un acto que si no fuera por su enorme incompetencia teórica generaría casi ternura.

En realidad lo que más une a este par de mellizos opuestos es su insaciable comportamiento de captadores de las rentas, los llamados “recicles” denegadotes tácitos y explícitos de la noción del bien común entendida como el máximo bienestar para todos.

En el caso de la izquierda populista el bienestar se traduce en prebendas sindicales, apropiadas por unos cuantos miles de trabajadores a costa de impedir el acceso al empleo a millones de desocupados cuyo problema no es si se jubilan a los 65 años, su problema es mucho más sencillo: tener acceso a un trabajo formal.

Para la derecha el bienestar se traduce en ese fascinante discurso biológico que pide mayores aranceles agrícolas para salvar el agro, entendiendo por agro el precio de la tierra y no ese factor sobre ofertado que son los trabajadores cuyo único beneficio por los altos aranceles es un mayor costo de la canasta de alimentos.

Lo inconcebible es que éste es uno de los puntos que une más a las izquierdas y a las derechas demagógicas. Y aquí si que cabe el refrán “Dios los crea y ellos se juntan”.

Para la izquierda populista el bienestar se manifiesta, como en el caso de Colombia, en unas pérdidas operacionales del seguro social de 4.00 mil millones de pesos al año que van a las prebendas de los sindicatos. Esa plata le haría suficientes recursos al estado para ampliar en 4.000.000 de colombianos la cobertura en materia de salud. Pero como esto pone en peligro unos privilegios esto nunca se puede hacer. 

El concepto demagógico del bien común está asociado a esa gente poco común que está organizada en grupos de presión y cuya capacidad de acción colectiva hace que la sociedad y los medios se olviden de quienes no tienen en torno a que asociarse.

Para la derecha: bienestar se traduce en exenciones tributarias cuyo objetivo último es al menos reactivar la economía. Para ellos el gasto público es una afrenta, excepto de sí se hace a través de exenciones. 

No hay que olvidar que para la derecha demagógica la posesión de activos es un derecho y no una obligación. Si tocaras coger entre una y otra la mejor alternativa sería no escoger ninguna.

Con los populismos de izquierda y de derecha ocurre lo mismo que con los monopolios, es decir lo malo no es la izquierda o la derecha, lo malo es el populismo. 

Aquí no hay justo medio porque las dos posiciones son una misma. La defensa de la expropiación de rentas a costa de la profundización de la miseria de aquellos excluidos de tan exclusivos clubes. No hay tal cosa como el justo medio entre dos posiciones que en realidad son una. 

Hoy América Latina está amenazada por todos los frentes por esquemas neopopulistas y se hace muy necesario un replanteo, un nuevo discurso que le dé a América Latina una alternativa a ese neopopulismo, sobre todo el neopopulismo de izquierda que se está propagando como el fuego.

Creo yo que lo que más le convendría a América Latina como discurso ideológico o como visión de estados los preceptos de un centroizquierda democrático muy inspirado en la discusión que se está llevando a cabo en muchos foros, y sobre todo en América Latina, de la llamada tercera vía. 

Los conceptos de muchos académicos de esta parte del continente nos dan una serie de elementos para contrarrestar ese neopopulismo que yo creo que entre las amenazas a las democracias de América Latina ese es uno de los peligros más grandes, y diría yo más grande que la debilidad del estado de derecho porque lo que produce el neopopulismo es una debilidad del estado de derecho.

Algunos de los conceptos claros para contrarrestar la posición de una izquierda o centroizquierda seria y democrática frente a un neopopulismo que está floreciendo en Bolivia, Colombia, Ecuador y en el resto de América  Latina. 

La esencia misma del neopopulismo es una forma de movilización y de discurso, no es una tendencia política específica.

La tercera vía podría decir que es una corriente de pensamiento político pragmático pero fundamentado y eso es muy importante en los principios y no en valores.    

En la acción política el neopopulismo se nutre de la desconfianza y la polarización de la confrontación de exacerbar los conflictos sociales y de fraccionar la sociedad  y a las organizaciones sociales.

La tercer vía, por el contrario, piensa que la política debe ser el ejercicio de confianza de establecer y alimentar el respeto mutuo de cooperación y conexión social. 

En los partidos políticos el neopopulismo se nutre de sus crisis y fragilidades y promueve la anti política y la negación del buen gobierno. En cambio los partidos de izquierda o la tercera vía o el centro deben propagar por fortalecer la consolidación de los partidos, esos sí, sustentados en ideologías y con programas porque en parte la crisis de nuestros partidos es que se quedaron sin ideas y sin programas.  

El neopopulismo que estamos viviendo en América Latina es muy peligroso, hay que contrarrestarlo y creo que este seminario en buena hora puso ese tema como una de las grandes amenazas de América latina.       

 

 

       

 



 

Presidente de Fil

 

Mario Vargas Llosa


Conferencia Internacional:

"UNA VISION MODERNA PARA AMERICA LATINA"
Washington, 30 de Septiembre de 2003

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