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Eventos
Seminario Internacional: 
"Las amenazas a la democracia en América Latina: Terrorismo, Neopopulismo y Debilidad del Estado de Derecho" 
Bogotá, 6 y 7 de Noviembre de 2003, Hotel La Fontana

Ponencias

MIGUEL POSADA

Consideraciones sobre el Terrorismo y como puede ser derrotado

Una primera consideración que quisiera hacer es que el terrorismo, en el caso colombiano y en otros, es solo una de las formas de lucha que utiliza la subversión. También lo practican las autodefensas ilegales, pero con objetivos más limitados. Pero, en nuestro país, es en el contexto de la agresión marxista que hay que analizar las acciones adecuadas para derrotar el fenómeno. Sintetizo una tesis en los siguientes términos: Es necesario lograr que el terrorismo sea tan costoso y contraproducente, física y políticamente, para la subversión, que esta renuncie a su práctica. En el caso concreto de las FARC, el mayor practicante de esta modalidad de violencia, no podemos olvidar que es o fue el brazo armado del PCC, y luego creó otro partido, la Unión Patriótica. Cuadros del comunismo además forman parte de innumerables ONG. Sin embargo, el aparato político comunista no es llamado a cuenta por el terrorismo de las FARC. En contraste, en España, por ejemplo, se le retiró la personería al partido Batasuna, como lógica reacción por su apoyo al terrorismo de la ETA, y en los medios se denuncia con claridad al Partido Nacionalista Vasco por su compadrazgo con la organización violenta. El mensaje para los nacionalistas vascos es muy claro: Tienen que escoger entre acción legal o acción terrorista. No se les permitirá actuar en las dos formas simultáneamente. Los partidos y ONG que apoyan a los violentos suelen presentar una fachada pacifista. Hablan de diálogo, negociación, causas objetivas que hay que solucionar, etc. Cumplen un papel complementario a la acción violenta: Tratan de convencernos de que los terroristas son invencibles y que la única solución es acceder a sus demandas.
Reconociendo este hecho, constituir un partido o una ONG no debe colocar a sus integrantes por encima de la ley y no debe dar inmunidad ni privilegios especiales. Sin embargo en Colombia, por directiva presidencial en el gobierno pasado, las ONG quedaron por encima de la ley. No podían ser investigadas por los organismos de inteligencia ni se podía hablar mal de ellas. Eso las convertía en madriguera perfecta y segura para las organizaciones de apoyo a la subversión terrorista.
Una primera conclusión es que a las organizaciones que practican el terrorismo, cualquiera sea su causa, hay necesidad de enfrentarlas en todos los campos, y cualquiera sea su fachada. Esto debe hacerlo el Estado en su conjunto: ejecutivo, legislativo y poder judicial. Además se debe convocar a toda la población para hacer frente al reto del terrorismo. Esto requiere un gran liderazgo, y nuestro Presidente es ese líder. Afortunadamente, en este gobierno se ha avanzado mucho, aunque hay entidades que siguen marchando a otro tambor, como es el caso de la Corte Constitucional, y a veces de la Procuraduría. Las capturas de milicianos y las incautaciones de explosivos han sido muy importantes.
Una segunda consideración, es el enlace internacional entre los grupos terroristas, la financiación con el narcotráfico de muchos de ellos a nivel global y los lazos con ciertos gobiernos que les dan albergue pasivo o apoyo activo. En cuanto a apoyo activo, es el caso de Cuba, y a este país se suma ahora Venezuela. En Europa se ha tolerado también el terrorismo, por la influencia de la izquierda que ha dado a la subversión y a ciertos movimientos islámicos su bendición incondicional. Aún después del 11 de Septiembre, en Europa, especialmente en Francia y Alemania, ha faltado energía para perseguir las organizaciones violentas de todas las calañas.

Los invito por último a reflexionar sobre el papel de los medios de comunicación frente al reto planteado por la subversión. Para esta discusión es necesario definir el terrorismo brevemente. Es mi definición, pero puede haber otras.

El terrorista ejecuta amenazas o actos de violencia sobre un número limitado de personas buscando influir en la actitud de un número mucho mayor de una población determinada. Este puede querer, por ejemplo, influir en la actitud de los habitantes de una región, pero al tiempo, puede desear que sus actos pasen desapercibidos más allá de la zona de su interés para evitar una reacción adversa a sus intereses. Puede querer generar terror en Colombia, por ejemplo, pero seguramente no le conviene que sus actos sean conocidos en Estados Unidos y Europa.
En regiones aisladas, la difusión boca a boca puede ser todo lo que necesita el terrorista, pero en un ámbito más amplio necesita a los medios. Necesita, por ejemplo, aterrorizar a todos los colombianos, pero le conviene que no se enteren en Paris o en Madison, Wisconsin. Para ello necesitan que los medios funcionen de una determinada manera. La sociedad atacada necesita obviamente lo contrario.
¿Censura? No es un tema intocable. En los grandes conflictos las democracias han aplicado la censura, pero es una medida de última instancia, pues la libertad de expresión y la información, aunque no son derechos absolutos, son muy importantes en la democracia. Digo que no son absolutos porque hay derechos superiores, como el derecho a la vida. Sin embargo la censura es difícil de aplicar, requiere un gran esfuerzo del Estado, y a veces no logra el resultado deseado. Antes que recurrir a ella se debe establecer un diálogo con la prensa nacional, y de común acuerdo fijar parámetros para que la información no sirva los fines del terrorista. Sobre esto se han hecho algunos esfuerzos útiles. No se trata de ocultar la información, sino de presentarla de la manera más adecuada. Conviene un ejemplo de la presentación equivocada, y es la utilización del término “presunto”, que se ha generalizado. Cuando se usa ese término, se trata de proteger el buen nombre de las personas hasta que hayan sido juzgadas y condenadas. El problema es que se utiliza aun cuando no hay una persona específica señalada, pero es claro que un acto criminal fue obra de un grupo terrorista identificable. Leemos con frecuencia que fueron dados de baja “presuntos” guerrilleros de las FARC. ¿Si ya están dados de baja, armados y uniformados, y además no se conocen los nombres, porque se califican de “presuntos”? Otro aspecto es la difusión de los éxitos de la lucha contra el terrorismo. Una mayor difusión de la incautación de explosivos y la captura de miembros de redes de apoyo o milicias sería disuasiva.
Otro aspecto importante son los espacios de opinión. Por alguna razón, la izquierda, y la oposición al gobierno tienen un número de columnas y espacios excepcionalmente alto. Conviene que aquellos columnistas y comentaristas que no están comprometidos con la subversión reflexionen sobre el papel que cumplen. Ante un hecho, una sociedad puede reaccionar con sumisión, que es lo que desean los terroristas, o con unidad y desafío. Mucho depende de los “formadores de opinión”. Un ejemplo sirve para ilustrar este punto. Durante la segunda guerra mundial el liderazgo de Churchill apoyado por los comentarios de la prensa lograron que el bombardeo terrorista de Londres no doblegara la voluntad del pueblo inglés, sino que, por el contrario, se consolidara la opinión nacional en contra del agresor. Se logró así que el terrorista nazi fracasara en su propósito. En ese caso, la prensa inglesa, buena parte de ella conocida por su amarillismo, actuó con responsabilidad. La prensa no es extra-terrestre, sino parte de la sociedad agredida. Ante el terrorismo no puede ser neutral.
Frente a la prensa internacional la situación es más complicada. Buena parte de la prensa de occidente tiene una tendencia de izquierda, y usualmente presenta las noticias en la forma menos conveniente para el Estado, y más útil para los terroristas. Los peores actos de estos últimos reciben muy poca difusión, y los detalles que se dan son mínimos. Y son precisamente los detalles que no se difunden, y el drama personal de las víctimas, lo que produce rechazo a los violentos y a su causa.

Para concluir, la experiencia a través de los siglos indica que el terrorismo se puede vencer, especialmente cuando no tiene un respaldo político significativo. En nuestro tiempo, es una confrontación global, y requiere un esfuerzo de toda la comunidad internacional. En Colombia se necesita, además del apoyo externo, que la clase política y los diferentes estamentos del Estado se sobrepongan a sus anhelos de figuración y sus ambiciones de poder para lograr la unidad nacional bajo un liderazgo decidido. Los medios pueden hacer mucho para que se logre dicha unidad. Ellos cumplen una función fundamental que puede favorecer al terrorista o propiciar su fracaso.

 

 

 

 

 

       

 



 

Presidente de Fil

 

Mario Vargas Llosa


Conferencia Internacional:

"UNA VISION MODERNA PARA AMERICA LATINA"
Washington, 30 de Septiembre de 2003

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