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MIGUEL POSADA
Consideraciones sobre el Terrorismo y como puede ser derrotado
Una
primera consideración que quisiera hacer es que el
terrorismo, en el caso colombiano y en otros, es solo
una de las formas de lucha que utiliza la subversión.
También lo practican las autodefensas ilegales, pero
con objetivos más limitados. Pero, en nuestro país, es
en el contexto de la agresión marxista que hay que
analizar las acciones adecuadas para derrotar el fenómeno.
Sintetizo una tesis en los siguientes términos: Es
necesario lograr que el terrorismo sea tan costoso y
contraproducente, física y políticamente, para la
subversión, que esta renuncie a su práctica. En el
caso concreto de las FARC, el mayor practicante de esta
modalidad de violencia, no podemos olvidar que es o fue
el brazo armado del PCC, y luego creó otro partido, la
Unión Patriótica. Cuadros del comunismo además forman
parte de innumerables ONG. Sin embargo, el aparato político
comunista no es llamado a cuenta por el terrorismo de
las FARC. En contraste, en España, por ejemplo, se le
retiró la personería al partido Batasuna, como lógica
reacción por su apoyo al terrorismo de la ETA, y en los
medios se denuncia con claridad al Partido Nacionalista
Vasco por su compadrazgo con la organización violenta.
El mensaje para los nacionalistas vascos es muy claro:
Tienen que escoger entre acción legal o acción
terrorista. No se les permitirá actuar en las dos
formas simultáneamente. Los partidos y ONG que apoyan a
los violentos suelen presentar una fachada pacifista.
Hablan de diálogo, negociación, causas objetivas que
hay que solucionar, etc. Cumplen un papel complementario
a la acción violenta: Tratan de convencernos de que los
terroristas son invencibles y que la única solución es
acceder a sus demandas.
Reconociendo este hecho, constituir un partido o una ONG
no debe colocar a sus integrantes por encima de la ley y
no debe dar inmunidad ni privilegios especiales. Sin
embargo en Colombia, por directiva presidencial en el
gobierno pasado, las ONG quedaron por encima de la ley.
No podían ser investigadas por los organismos de
inteligencia ni se podía hablar mal de ellas. Eso las
convertía en madriguera perfecta y segura para las
organizaciones de apoyo a la subversión terrorista.
Una primera conclusión es que a las organizaciones que
practican el terrorismo, cualquiera sea su causa, hay
necesidad de enfrentarlas en todos los campos, y
cualquiera sea su fachada. Esto debe hacerlo el Estado
en su conjunto: ejecutivo, legislativo y poder judicial.
Además se debe convocar a toda la población para hacer
frente al reto del terrorismo. Esto requiere un gran
liderazgo, y nuestro Presidente es ese líder.
Afortunadamente, en este gobierno se ha avanzado mucho,
aunque hay entidades que siguen marchando a otro tambor,
como es el caso de la Corte Constitucional, y a veces de
la Procuraduría. Las capturas de milicianos y las
incautaciones de explosivos han sido muy importantes.
Una segunda consideración, es el enlace internacional
entre los grupos terroristas, la financiación con el
narcotráfico de muchos de ellos a nivel global y los
lazos con ciertos gobiernos que les dan albergue pasivo
o apoyo activo. En cuanto a apoyo activo, es el caso de
Cuba, y a este país se suma ahora Venezuela. En Europa
se ha tolerado también el terrorismo, por la influencia
de la izquierda que ha dado a la subversión y a ciertos
movimientos islámicos su bendición incondicional. Aún
después del 11 de Septiembre, en Europa, especialmente
en Francia y Alemania, ha faltado energía para
perseguir las organizaciones violentas de todas las calañas.
Los
invito por último a reflexionar sobre el papel de los
medios de comunicación frente al reto planteado por la
subversión. Para esta discusión es necesario definir
el terrorismo brevemente. Es mi definición, pero puede
haber otras.
El
terrorista ejecuta amenazas o actos de violencia sobre
un número limitado de personas buscando influir en la
actitud de un número mucho mayor de una población
determinada. Este puede querer, por ejemplo, influir en
la actitud de los habitantes de una región, pero al
tiempo, puede desear que sus actos pasen desapercibidos
más allá de la zona de su interés para evitar una
reacción adversa a sus intereses. Puede querer generar
terror en Colombia, por ejemplo, pero seguramente no le
conviene que sus actos sean conocidos en Estados Unidos
y Europa.
En regiones aisladas, la difusión boca a boca puede ser
todo lo que necesita el terrorista, pero en un ámbito más
amplio necesita a los medios. Necesita, por ejemplo,
aterrorizar a todos los colombianos, pero le conviene
que no se enteren en Paris o en Madison, Wisconsin. Para
ello necesitan que los medios funcionen de una
determinada manera. La sociedad atacada necesita
obviamente lo contrario.
¿Censura? No es un tema intocable. En los grandes
conflictos las democracias han aplicado la censura, pero
es una medida de última instancia, pues la libertad de
expresión y la información, aunque no son derechos
absolutos, son muy importantes en la democracia. Digo
que no son absolutos porque hay derechos superiores,
como el derecho a la vida. Sin embargo la censura es difícil
de aplicar, requiere un gran esfuerzo del Estado, y a
veces no logra el resultado deseado. Antes que recurrir
a ella se debe establecer un diálogo con la prensa
nacional, y de común acuerdo fijar parámetros para que
la información no sirva los fines del terrorista. Sobre
esto se han hecho algunos esfuerzos útiles. No se trata
de ocultar la información, sino de presentarla de la
manera más adecuada. Conviene un ejemplo de la
presentación equivocada, y es la utilización del término
“presunto”, que se ha generalizado. Cuando se usa
ese término, se trata de proteger el buen nombre de las
personas hasta que hayan sido juzgadas y condenadas. El
problema es que se utiliza aun cuando no hay una persona
específica señalada, pero es claro que un acto
criminal fue obra de un grupo terrorista identificable.
Leemos con frecuencia que fueron dados de baja
“presuntos” guerrilleros de las FARC. ¿Si ya están
dados de baja, armados y uniformados, y además no se
conocen los nombres, porque se califican de
“presuntos”? Otro aspecto es la difusión de los éxitos
de la lucha contra el terrorismo. Una mayor difusión de
la incautación de explosivos y la captura de miembros
de redes de apoyo o milicias sería disuasiva.
Otro aspecto importante son los espacios de opinión.
Por alguna razón, la izquierda, y la oposición al
gobierno tienen un número de columnas y espacios
excepcionalmente alto. Conviene que aquellos columnistas
y comentaristas que no están comprometidos con la
subversión reflexionen sobre el papel que cumplen. Ante
un hecho, una sociedad puede reaccionar con sumisión,
que es lo que desean los terroristas, o con unidad y
desafío. Mucho depende de los “formadores de opinión”.
Un ejemplo sirve para ilustrar este punto. Durante la
segunda guerra mundial el liderazgo de Churchill apoyado
por los comentarios de la prensa lograron que el
bombardeo terrorista de Londres no doblegara la voluntad
del pueblo inglés, sino que, por el contrario, se
consolidara la opinión nacional en contra del agresor.
Se logró así que el terrorista nazi fracasara en su
propósito. En ese caso, la prensa inglesa, buena parte
de ella conocida por su amarillismo, actuó con
responsabilidad. La prensa no es extra-terrestre, sino
parte de la sociedad agredida. Ante el terrorismo no
puede ser neutral.
Frente a la prensa internacional la situación es más
complicada. Buena parte de la prensa de occidente tiene
una tendencia de izquierda, y usualmente presenta las
noticias en la forma menos conveniente para el Estado, y
más útil para los terroristas. Los peores actos de
estos últimos reciben muy poca difusión, y los
detalles que se dan son mínimos. Y son precisamente los
detalles que no se difunden, y el drama personal de las
víctimas, lo que produce rechazo a los violentos y a su
causa.
Para
concluir, la experiencia a través de los siglos indica
que el terrorismo se puede vencer, especialmente cuando
no tiene un respaldo político significativo. En nuestro
tiempo, es una confrontación global, y requiere un
esfuerzo de toda la comunidad internacional. En Colombia
se necesita, además del apoyo externo, que la clase política
y los diferentes estamentos del Estado se sobrepongan a
sus anhelos de figuración y sus ambiciones de poder
para lograr la unidad nacional bajo un liderazgo
decidido. Los medios pueden hacer mucho para que se
logre dicha unidad. Ellos cumplen una función
fundamental que puede favorecer al terrorista o
propiciar su fracaso.
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