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Eventos
Seminario Internacional: 
"Las amenazas a la democracia en América Latina: Terrorismo, Neopopulismo y Debilidad del Estado de Derecho" 
Bogotá, 6 y 7 de Noviembre de 2003, Hotel La Fontana

Ponencias

Carlos Alberto Montaner, Escritor cubano

Una democracia no puede conducir a una sociedad a un estado anímico tan terrible como ocurre en los sistemas totalitarios. Pero si puede entender que hay una dilución de guerra psicológica en esta batalla, que mientras el enemigo se sienta como el protagonista heroico de una hazaña tremenda mientras tenga la adulación de su familia, mientras tenga la simpatía de sus amigos, la tendencia natural será a persistir en esos hechos. De manera que   todo lo que se haga dentro del ámbito de lo que es legitimo y moralmente correcto para enfrentar a esta gente, al horror de sus actos, todo lo que se haga para avergonzar a sus familias de cualquier apoyo que le pueda dar es algo que contribuirá a debilitarlos y a modificar el comportamiento de ellos porque no se mueven por dinero, sino que los hacen por emociones profundas por simpatía y porque viven como los delincuentes en la cultura de la violencia. 

Hay otro terror que es la otra cara del mismo fenómeno. Cuando estas personas que han practicado el terrorismo y que conocen el fenómeno también tienen el poder, continúan  utilizándolo para obligar al conjunto de la sociedad a que se mueve en la dirección que ellos han decidido que es la correcta. 

Cuando se mata a culpables o a supuestos culpables hay una zona de la población que no se siente en peligro y que por lo tanto puede desobedecer, lo que convierte al conjunto de la sociedad en una especie de ejército obediente es el miedo a reacciones que no pueden racionalmente controlar.

A esa cosa de que los llamen a la 5 de la mañana a sus casas y lo empiecen a acusar de las cosas más terribles sin ellos saber exactamente de que son culpables hasta que ellos encuentran de algo e lo que son culpable.

Una perfecta revelación de lo que es el terrorismo de estado es que maten a inocentes para someter al conjunto de la población a la obediencia. 

Entre la mentalidad del terrorismo practicado para llegar al poder alguien decía hace muy poco: “que el terrorismo no siempre estaba encaminado a la toma del poder”. El terrorismo es un instrumento para debilitar al estado y provocar la toma del poder. El caso más interesante es Argelia. Los franceses se fueron de Argelia como consecuencia del terrorismo terrible e indiscriminado que se utilizó por la población y el colonialismo.

Es posible obligar mediante el miedo a una población a obedecer, y yo creo que ese “yo sí” en un país como Colombia los terroristas sí tengan esa fantasía de obligar a la población, mediante el miedo, a ceder al chantaje de los grupos de presión e intentar la toma real del poder ante una sociedad que está maniatada y paralizada por el miedo y por la cantidad de gente que en el proceso va a decir “bueno cuando lleguen al poder van a actuar de distinta manera”.

Lo terrible es que en todas estas fantasías de los revolucionarios la realidad cuenta muy poco. Lo que cuenta es la construcción ideológica de un futuro y lo que escapa a ese futuro pues es algo que hay que destruirlo y alejarlo, pulverizarlo. 

 Les dejo a ustedes en el tema del terrorismo tres observaciones. Una de carácter policial o de técnica antiterrorista. La infinita importancia de las infiltraciones masivas.

En segundo lugar que sepan  que la guerra psicológica es tan importante como la policíaca.

En tercer lugar y como mi opinión: mi creencia de que sí forma parte el terrorismo de un plan donde la función de las bombas es destruir la moral de la sociedad, la confianza en las instituciones e ir preparando al conjunto de la sociedad para que lleguen a aceptar en un momento dado la inevitabilidad del triunfo de la oposición armada. 

A principios de la década de los noventa apareció una matización distinta de la palabra neoliberal. Se empezó a acusar a quienes hacían las reformas de neoliberales.

A mí me gustaría retrotraerme quizás cinco años antes al momento en que comienzan ciertas reformas en América y Colombia.

En América Latina a finales de la década de los 70 y a principios de los 80 el viejo recetario político y económico, vigente desde 1917, conformó algo que entroncaba muy bien con la tradición política y económica latinoamericana. Es decir, la idea de que el estado tenía una función suprema en lograr para el conjunto de la sociedad el desarrollo, la prosperidad y la equidad. A ese núcleo central se le fueron agregando elementos que también venían del pasado, como por ejemplo el estado empresario. Era importante que el estado produjera y se convirtiera en empresario y tenía una responsabilidad en ese sentido y fue disminuyendo el peso de la sociedad civil frente al peso del estado.

Los ingredientes variaban entre Tulio Vargas, en Brasil, Juan Perón en Argentina; Velasco Alvarado en Perú y el caso del castrismo que era una caso extremo pero eran ingredientes que partían de la misma concepción: la responsabilidad esencial del estado o inexistente en el caso de Cuba  frente a una gran responsabilidad colectiva.  

También entró una noción muy perversa del gasto social ante el hecho real de que había masas de pobreza tremenda en América Latina se introdujo un elemento cuantitativo y perverso. El problema es que hay una infinidad de pobres. El 50 % de la población Iberoamericana se puede calificar de pobre, y de ese 50 % la mitad como extremadamente pobre.

Pero a la conclusión a la que ellos llegan es que la función del estado es el asistencialismo, el gasto social y empiezan a medir la calidad del estado por el volumen del gasto social. Es la más perversa de las conclusiones porque lo que demuestra la amplitud del gasto social es el fracaso de la sociedad y de alguna manera el propio fracaso del estado.           

Porque si vamos a definir una sociedad organizada con arraigo al sentido común y la vamos a definir como exitosa es aquella en la que los ciudadanos precisamente no necesitan del conjunto de sus compatriotas para sobrevivir porque son capaces de generar tantas riquezas que pueden alimentarse ellos y alimentar a sus familias, ahorrar, invertir y tener una vida cada vez mejor sin necesidad del apoyo de sus semejantes. Pero cuando uno llega a la conclusión contraria de que un estado es digno porque tiene un gran volumen de gasto social está sacando la conclusión equivocada. Lo que eso está diciendo, con un estado con gran gasto social es que hay mucha gente necesitada y que el modelo económico que eligieron es un disparate porque no es capaz de permitir que la sociedad genere riquezas para impedir que el asistencialismo siga destruyendo los fundamentos económicos de nuestra sociedad.

Pero esa es la visión general que hay de cuáles son las funciones del estado, de los políticos y que debe esperar la sociedad. Y todo esto es lo que se desploma en la década de los setenta y de los ochenta porque hay un fracaso evidente por una parte y por otro, porque hay otros pueblos muchos mas remotos que nosotros habíamos conocido.       

Lo interesante que cuando se produce el colapso de esos paradigmas la respuesta de quienes habían vivido en el error no fue admitir que había que imitar a otras naciones que habían hecho las cosas bien, la respuesta fue desacreditar inmediatamente cualquier intento de reforma de ese Estado. Entonces construyen un fantasma que es el neoliberalismo. Hay una cosa que es el pensamiento liberal que era algo absolutamente rico que no se había quedado en Adam Smith ni en David Ricardo ni en ninguno de los pensadores del siglo 19 sino que la característica principal de esa corriente de opinión de pensamiento y de análisis era que se había ido nutriendo de diversas fuentes. Habían llegado a percibir las causas de la pobreza desde el derecho, desde las instituciones es decir desde un pensamiento que se había enriquecido. Entonces como no querían enfrentarse a esto se enfrentaron  a un supuesto monstruo codicio: el neoliberalismo. 

Un neoliberalismo que no existía era unas tímidas reformas llevadas a cabo por políticos que ni siquiera estaban muy convencidos de lo que estaban haciendo. El señor Gaviria en Colombia hace una reforma no porque él fuera un liberal convencido sino porque tenía que hacerlas para sacar a Colombia de la situación en la estaba.

Prácticamente todos los políticos que hicieron algunas reformas le realizaron para poner parches urgentes ante una crisis económica creciente.

Cuando ahora vemos que los neopopulistas prefieren definirse como adversarios de ciertas reformas y no están a favor de nada. Ahora empiezan a estar a favor de cosas y empiezan a construir un discurso globo fólico que es donde uno encuentra exactamente los mismos ingredientes que había en el viejo discurso tradicional de los populistas. La idea del que el comercio internacional, intenso y sin barreras, nos perjudica hay que proteger la producción nacional, la idea de que hay que mantener el gasto social, la idea de que el equilibrio fiscal debe ser una perversión del FMI y no una posesión del sentido común y algunas cosas que ya tocan el terreno de la locura. 

Yo quería recordar que esta visión de lo que debe ser la economía y de lo que debe ser las relaciones de la sociedad con el Estado ni siquiera es una visión revolucionaria concebida a partir del 1917 sino que es mucho más delirante, estamos hablando del plan de gobierno de Luis XIV. Cuando uno 

En la historia y ve cuáles son las recomendaciones para el engrandecimiento de la corona francesa lo que encuentra es el plan de los populistas. 

Siempre me gusta recordar que todas las paradojas políticas, la más viviente para el que tiene una cierta sensibilidad en el lenguaje es la de llamarle progresismo a quienes son partidarios de los países que menos progresan. Si hay enemigos del progreso en el mundo son estos mercantilistas del siglo XVIII que no saben que están repitiendo una conjunción que el mundo civilizado enterró afortunadamente a lo largo del Siglo XXI.  

Voy a terminar las observaciones finales con la debilidad del estado de derecho porque de alguna manera enlaza con esto último que les e mencionado y que tiene que ver con la historia.   

Desgraciadamente en la debilidad de nuestros estados está presente una larga historia de desencuentros entre nuestras sociedades y los estados que se forjaron en América.

Cuando se forja el mundo europeo en América Latina arraiga las instrucciones de la corona que quería su poder y control, que legisla desde la península, que traiciona a los propios conquistadores con los que pacta y la corona los traiciona con los que empieza a cuajar la sociedad latinoamericana. Nosotros nos encontramos entre los hijos de los conquistadores que no están contentos con el grado de recompensa que supuestamente debían tener y no tuvieron porque la corona había incumplido sus pactos.

Quiere decir esto que desde el principio el conjunto de la sociedad no se vio reflejada en las instituciones del Estado, lo que de alguna manera esta visión de falta de gobierno, de falta de autoridad por el conjunto de la sociedad se trasladó a una actitud de estafa de lealtad de la sociedad hacia el estado y de escasa responsabilidad del estado hacia la sociedad.

Es muy difícil construir repúblicas eficientes, porque una república construida absolutamente frágil, totalmente intelectual, de instituciones que se sostienen única y exclusivamente del consenso de la sociedad que las acepta como válidas están de alguna manera debilitadas por el estado de derecho, por las leyes que protegen al individuo. Pero todo eso requiere de una cultura cívica y de una buena voluntad del conjunto de la sociedad que nosotros no exhibimos prácticamente en ningún sitio de América Latina.     

Y fuimos arrastrando, de una u otra manera,  ese divorcio hasta llegar a los espectáculos repugnantes de saber que en 1992 el 60% de la población peruana aplaudió la destrucción de sus instituciones republicanas. De saber que ese mismo año un porcentaje parecido de venezolanos aplaudió el golpe de Chávez contra Carlos Andrés Pérez.

Mientras nosotros no sintamos que el estado a sido segregado para nuestra conveniencia, que la constitución son nuestras leyes y están ahí para nuestro beneficio, mientras eso ocurra América Latina no va a poder solucionar sus conflictos porque la república, la prosperidad, el desarrollo y el progreso todo eso se sostiene en una debilísima arquitectura intelectual y en una atmósfera emocional determinada de consenso, de buena voluntad, de deseo de colaboración. 

Yo espero que entendamos que todas estas desgracias que a nosotros nos ocurren en América: Fidel Castro en Cuba, Chávez en Venezuela, el horror de la violencia colombiana, Evo Morales en Bolivia, no son las consecuencias fortuitas de un destino sembrado por dioses malvados, son cosas que generamos nosotros porque nuestra cultura no es hospitalaria para la democracia, para el progreso y para el desarrollo. Pero también creo porque viví en España la experiencia de un pueblo que también los grandes golpes, las grandes sacudidas modifican a las personas.

Yo tengo la esperanza de que el día que regrese a Cuba no será a la Cuba que me parió sino un país distinto que ojalà haya aprendido la lección. Y si no aprendimos la lección nos merecemos otro Castro. Yo espero que los venezolanos cuando salgan de Chávez creen las condiciones culturales necesarias para que no vuelva a ocurrir y espero sobretodo en un caso como el de Colombia, que no es un problema nacional de los colombianos, el cáncer de la violencia colombiana es un cáncer con metástasis por todo el continente que nos compete e interesa a todos.

 

 

       

 



 

Presidente de Fil

 

Mario Vargas Llosa


Conferencia Internacional:

"UNA VISION MODERNA PARA AMERICA LATINA"
Washington, 30 de Septiembre de 2003

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