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Stephen
Johnson,
Director AL, Heritage Foundation, EEUU
Latinoamérica
es una región que abraza dos civilizaciones y a veces
no bien integradas. Yo creo que esta es la raíz
principal de los frecuentes problemas de inestabilidad y
de la efervescencia recurrida del terrorismo que sube y
baja a cada rato. Desde las numerosas de los países
centroamericanos en el siglo XIX hasta la persistente
presencia de ejércitos ilegales aquí en Colombia y las
células de grupos apoyantes internacionales.
El
terrorismo, de una forma u otra, a sido un factor en la
vida cotidiana. La diferencia entre el terrorismo que se
encuentra en Latinoamérica y otras partes del mundo,
como medio oriente, es que no tiene raíces
necesariamente en la región ni en la conservación de
tradiciones y modos de vida ya pasados.
En
cambio, la coexistencia de cristiandad Islam ha
resultado en una competencia para controlar a la gente y
territorio desde el séptimo siglo en adelante. El
crecimiento del terrorismo perpetrado por grupos de
extremistas se puede considerar como un tipo de revancha
con las intervenciones y el occidente en los conflictos
árabes en el siglo pasado por la modernización que
divide el estado y la religión contradiciendo las
predicciones del Islam como conocimos.
En
Latinoamérica los conflictos han surgidos, en mayor
parte, como maneras de resolver competencias de dominio
y de poder. Aún durante la guerra fría, el componente
de dominar territorio y controlar a gente fue más
fuerte que construir una sociedad nueva. Levantaron una
estatua levantada a un nuevo hombre en Nicaragua pero
los sandinistas finalmente se sometieron a una
elecciones que perdieron. Sólo en el caso del líder de
Sendero Luminoso de Perú, Abimael
Guzmán, sino de la lealtad feroz al modelo de
comunismo.
Michael
Radu propuso esta mañana que es difícil definir lo que
es terrorismo y observó que los terroristas no
necesariamente toman control de su territorio, sino
hacen teatro o buscan fines políticos. Pero suele ser
que el terrorismo y las insurgencias a veces son difíciles
de distinguir por el uso de tácticas terroristas, de
secuestro, masacres y la destrucción de propiedad. En
actos diseñados para satisfacer a los habitantes de
apoyar el orden reinante, estos grupos están cometiendo
un tipo de terrorismo en las mentes de las víctimas.
Ahora
nosotros somos testigos a una evolución al uso del
terror en América Latina. No es solamente un elemento
en la lucha para obtener poder y las insurgencias no son
subsidiadas por poderes extranjeros como ocurría
durante la mencionada Guerra Fría. En cambio hemos
visto el matrimonio entre los guerrilleros y los
criminales aprovechando del tráfico de ropas y armas
para sostener sus operaciones. Hemos visto a la
guerrilla sé a cambiado en la FARC en un ejército no
estatal e ilegal que sobrevive por su criminalidad que
desea seguir controlando territorio pero no quiere
dominio del gobierno nacional.
Mientras
tanto, se ve otra tendencia entre los movimientos de la
extrema izquierda que desligarse aún más con partidos
y con grupos terroristas de Medio Oriente. Esto no es
tan nuevo, los insurgentes centroamericanos de
entrenaron con los OLP en los años 70. Pero se nota en
la existencia de asociaciones como el Foro de San Pablo
y partidos políticos de estado que patrocinan a
terroristas, organizaciones terroristas y grupos
insurgentes.
A
pesar de experiencias diferentes, estor grupos son más
unidos contra la llamada globalización, el libre
comercio, el estado de derecho y la modernidad. No es
por accidente que el líder cocalero boliviano Evo
Morales fue invitado a Libia este año para recibir un
premio de paz y asistir a una conferencia sobre acuerdos
indígenas.
Estos
movimientos como él MAS boliviano, el MVR de Venezuela
y las FARC sostenidos ahora para oponerse a las ideas
liberales del oeste. Los conceptos de libertades
individuales, la sociedad compleja para ellos es una
lucha ahora entre las fuerzas del mal, de asesinatos
como dice Evo Morales, y las de conservar la sociedad
paternalista basada en el liderazgo de tribus.
América
Latina tendrá problemas en contra al estar estas
tendencias, según
sondeos muchos ciudadanos perciben que las democracias
no van a estar tan abiertas como deben ser.
Los
mercados a veces existen en nombres solos con accesos
bloqueados por reglas complejas y falta de derechos para
quienes no puedan pagar los costos de entrada.
Bajo
el flamante liberalismo de Centroamérica la región a
sufrido en el año pasado una baja de 1% del PBI. La
inflación, casi eliminada, está resurgiendo y más
preocupante la mitad del pueblo latinoamericano vive en
pobreza ganando menos de 2 dólares por día.
Un
punto muy importante es que las democracias son bastante
débiles en combatir las amenazas de terrorismo porque
abraza las libertades del individuo, busca maneras de
integrar la expresión libre de los intereses de varios
sectores del pueblo.
Eso
es un tipo de libertad que sí una sociedad no
experimentó mucho la libertad va a resultar en
problemas se necesita de tradiciones y cultura de
imponer una forma de resolver los problemas por medio de
foros abiertos de la sociedad en vez de hacerlo por
fuerza.
La
división de los intereses entre los indígenas del
altiplano que cuenten con una población del 60% de
Bolivia y los mestizos y otros en el llano pueden
resultar una ruptura en el este y oeste de ese país.
El
problema es que tenemos mucha gente y se puede
intensificar con la condición de vida de tener menos de
2 dólares por día para sobrevivir. Combatir este fenómeno
implica mejorar la calidad de vida para la mitad del
pueblo viviendo en las márgenes.
Como
feligreses los recién electos presidentes de muchos países
van al Banco Mundial y al FMI para renovar y ampliar créditos
para mantener en función sus gobiernos, pero los préstamos
nunca brindan prosperidad.
La única forma viable es hacer lo difícil:
cortar la burocracia que protege los intereses de las
elites económicas y establecer el imperio de la ley con
igual tratamiento para todos garantizando los derechos
de propiedad y facilitar un clima de inversión tanto
para los ciudadanos que viven en sus localidades y los
extranjeros.
En
Colombia se estima que casi 25.000 millones de dólares
se destinan para combatir la violencia Y paliar los daños
hechos en infraestructura. Eso no se puede recompensar
por un tratado de libre comercio. Si no por reforzar las
instituciones para crear un estado de derecho y fomentar
un mercado verdaderamente libre.
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