|
DERROTANDO
AL TERRORISMO
General John Thompson
Hemos
visto que el terrorismo es un fenómeno multifacético
que puede existir en muchas formas. Nuestra respuesta a
la pregunta: “¿Puede el terrorismo ser derrotada?”
es afirmativa, pero esto llevará tiempo y un gran
esfuerzo. Las consecuencias del terrorismo pueden ser
reducidas, y la amenaza que esto plantea a nuestra vida
diaria puede ser mejor contenida en el futuro próximo.
El desafío no es simplemente responder con más de nuestra propia fuerza, ni
con mayor precaución. Debemos aplicar de una forma
apropiada todos los elementos del poder nacional,
paralelamente al hecho de que procuremos entender las
excusas que les sirven de apoyo a los terroristas. Lo más
importante que debemos
aplicar es la unidad de esfuerzo absoluta, así como una cooperación
sin cuartel entre los distintos actores de la vida
nacional; esto es fundamental para tener éxito y para
ello no son válidas las excusas de diferencias políticas,
porque si dejamos que triunfe el terrorismo, no habrá
diferencias políticas qué discutir, porque tampoco
existirá la democracia como sistema político.
Respecto
al terrorismo hay distintas acepciones; existen aquellos
que pretenden convencernos que el terrorismo es una
reacción entendible y normal a la condiciones de
desigualdad que existen en nuestro mundo. Rechazamos ese
argumento por completo; porque a pesar del drama que
significan la pobreza, la injusticia,
y la desigualdad social, eso no justifica el uso
de terror, como dichas situaciones han sido a menudo
explotadas por organizaciones terroristas, en su
beneficio. Prueba de ello lo tenemos en el mundo en
general; en donde a pesar de las grandes desigualdades
existentes, los actos terroristas son la minoría, la
mayoría no actúa contraria a la ley, a las normas jurídicas,
a los derechos humanos, a su condición intrínseca de
seres sensibles, a su condición de personas. Esto que
afirmamos no impide la necesidad de contribuir al
desarrollo de todos los pueblos del mundo. Los programas
de desarrollo económico, social y político, el respeto
a los derechos humanos, la gobernabilidad y la
obediencia al Estado de Derecho merecen nuestra mayor
atención y apoyo. Ya es hora para que los países de
mayor desarrollo económico dentro de nuestra comunidad
global entiendan
que el éxito de sus esfuerzos para ayudar a promover
las democracias más justas, más sólidas, y
más prósperas es vital a sus propios intereses
también. (Comentario…Si alguno de ustedes quiere leer
un ensayo interesante sobre ese tema, les recomiendo una
obra escrita por Michael Radu, titulada “La Futilidad
de la Teoría de las Causas de Origen.”)
No
existe ninguna justificación moral para recurrir a
actos de terrorismo con el objeto de efectuar cambios
políticos o sociales, no puede haber cambio bajo el
amparo de la sangre, ni del miedo, ni de la amenaza. Nos
preocupa que los actos de terrorismo se han hecho una
parte de la rutina nacional en algunos países y que
muchos de nosotros miremos con resignación esa grave
situación, sin darnos cuenta que quienes emplean el
terrorismo, procuran minar el Estado de Derecho y
conseguir sus objetivos por violencia y miedo; y que éstos
y sus apologistas que comparten la creencia que con
actos como los secuestros, extorsión, asesinatos,
destrucción de bienes y servicios de la comunidad y
otras formas de violencia, como medios ilegítimos de la
expresión política, son una amenaza para la humanidad
y para la seguridad del continente.
Derrotando
a los terroristas y destruyendo a sus organizaciones
Mis
antecesores en la palabra nos han ayudado a entender la
complejidad del terrorismo. El derrotar a esta amenaza
requiere de una estrategia ofensiva que incorpore la
aplicación de todos los elementos de nuestro poder
nacional, incluyendo los económicos, políticos,
militares e informativos. Además, para ser acertado,
nuestra voluntad política debe ser absoluta; las
diferencias partidistas deben de ser subordinadas al
bien común y recordar que el enemigo no es el
Presidente tal, o el Partido cuál, sino el terrorismo. Todos los sectores de nuestras sociedades deben
compartir parte de la carga; pero todos nuestros líderes
deben proporcionarnos visión, inspiración, dirección
y coraje para equilibrar las cargas de la
responsabilidad, la capacidad de nuestros líderes para
entender los intereses que compartimos en la eliminación
de estas amenazas es crucial.
La
lucha contra el terrorismo requiere de una cooperación
sin precedentes de todos dentro de nuestros Estados;
y de los países
más ricos y más
poderosos del mundo, quienes deben buscar nuevos modos
de ayudar a otros satisfacer las necesidades razonables
de sus pueblos.
En
términos generales podemos afirmar que los componentes
de una estrategia para
derrotar el terrorismo incluyen lo siguiente:
Acciones
contra grupos de terroristas directas, implacables y
continuas. Todos los instrumentos disponibles del estado
deben ser usados contra esos grupos.
Los
líderes terroristas y sus organizaciones deben ser
identificados. La comunidad de inteligencia y las
agencias policiales deben determinar la
infraestructura terrorista y la orden del mando y
control y compartir la información crítica de una
manera apropiada con otras agencias nacionales y con
aliados internacionales.
Empleo
de todas las formas de la inteligencia para localizar a
terroristas y sus organizaciones. La inteligencia humana
debe ser ampliada como es necesario para complementar
otras formas de inteligencia. La cooperación
internacional es esencial.
Cada
medio disponible debe ser usado para interrumpir y
destruir la capacidad de los terroristas para conducir
actos de terrorismo. Sus santuarios deben ser atacados y
sus líderes perseguidos; sus sistemas de mando,
control, y comunicaciones deben ser eliminados junto con
sus fuentes de apoyo moral y financiero.
Negando
apoyo a los terroristas
Las
organizaciones terroristas de hoy muchas veces disfrutan
del apoyo de Estados, líderes extranjeros o grupos
privados que se compadecen con su causa. Para derrotar
el terrorismo debemos negarles acceso al espacio,
recursos, equipo, movilidad, tecnología y educación
que ellos necesitan para sobrevivir. El papel de los
actores no gubernamentales es también importante. Las
organizaciones no gubernamentales como las representadas
aquí hoy son necesarias;
pero debemos abrir nuestro espectro político y
de participación; es necesario escucharnos los unos a
los otros, pero también escuchar a muchos otros con
ideas diferentes, de lo contrario nuestra participación
se convertirá en un monólogo con palabras que decimos
por que a otros les gusta escucharlas. Debemos ser críticos
con nosotros mismos y con los sectores más influyentes
de nuestra comunidad nacional, por que lo importante no
es ganar sólo amigos,
sino adeptos para nuestra causa que es la lucha
contra el
delito internacional más grave del momento: el
terrorismo.
Los gobiernos deben trabajar estrechamente con
nuestra colaboración,
y al mismo tiempo asegurar que los grupos
terroristas no aprovechen los servicios de algunas de
esos grupos también. Todos los estados tienen la
obligación de cooperar en la lucha contra el
terrorismo. Aquellos estados que abriguen a terroristas
deben tratarse como responsables por sus acciones. Ellos
deben recordar sus obligaciones como miembros de la
comunidad de naciones; pero a ellos no debemos
rechazarlos a priori, sin antes ofrecerles estímulo y
facilitarles información y ayuda para enfrentar la
situación, para el caso de que carezcan de los medios
necesarios. La comunidad internacional se encargará de
compensar a aquellos Estados que han contribuido con la
lucha contra el terrorismo, así como no olvidará a
quienes no han defendido con ahínco la paz mundial.
Podríamos
mencionar a título de ejemplo algunos objetivos políticos
fundamentales:
La
presión internacional debe ser aplicada contra todos
los estados reconocidos como patrocinadores del
terrorismo. Ningún país debe permitir la actividad
terrorista dentro de sus fronteras. Tanto los incentivos
como los desalientos deberían ser establecidos para
animar y persuadir a los estados a eliminar sus
relaciones con terroristas y su causa.
Deben
ser establecidas nuevas normas para todos los estados
que participan en la guerra global contra el terrorismo,
adecuando los estándares existentes a la Resolución
del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas # 1373,
la cual establece las obligaciones de los estados para
combatir al terrorismo. Entre otras cosas, exigiendo a
los estados a prohibir que sus ciudadanos apoyen económicamente
a terroristas, negando proveerles zonas de amparo y
tomando medidas para impedir su libre movimiento por el
territorio nacional.
La
cooperación internacional debe de ser reforzada. Se
requiere un esfuerzo internacional fuerte y unido contra
el terrorismo. Los países deben ayudar a sus vecinos a
mejorar su capacidad para luchar contra el terrorismo.
De la misma manera, cada uno debería profundizar su
propio entendimiento de las responsabilidades
compartidas entre los países en muchos de los problemas
asociados con el terrorismo. La relación y
corresponsabilidad que existen entre los países que son
los mayores consumidores de drogas y aquellos en zonas
de producción y de tránsito es un buen ejemplo
regional de este punto.
Se
requieren más esfuerzos concertados para establecer la
presencia estatal en los territorios a los cuales el
poder central del gobierno, tradicionalmente no llega;
como las fronteras por ejemplo. El terrorista no puede
seguir convirtiéndose en dueño y Señor de las
tierras, sus posesiones y sus ciudadanos por las faltas
en que incurran nuestros gobernantes, convirtiendo esas
zonas en sitios de refugio. Una variedad de esfuerzos de
inteligencia debe ser desarrollada para confirmar la
posición de santuarios sospechosos. Una vez confirmado,
los aliados deben cooperar para tomar la acción
apropiada para eliminar tales áreas.
Conclusiones
En
resumen, la lucha contra el terrorismo será tan
larga como los estados y sus ciudadanos, organizados o
no, lo deseen. Si vamos a tener éxito, cada uno de
nosotros, en nuestras propias tierras debemos generar la
voluntad política necesaria para ello y comprometernos
a niveles de unidad y cooperación sin precedentes.
Debemos esforzarnos por afianzar los valores de nuestra
comunidad internacional, en la cual éstos
sean los de la dignidad humana, el respeto al
Estado de Derecho, los derechos humanos y la tolerancia;
y en donde más que las palabras, podamos
transmitirles con nuestro ejemplo a esos compatriotas
del mundo, la
práctica de esos valores.-
|