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Eventos
Seminario Internacional: 
"Las amenazas a la democracia en América Latina: Terrorismo, Neopopulismo y Debilidad del Estado de Derecho" 
Bogotá, 6 y 7 de Noviembre de 2003, Hotel La Fontana

Ponencias

Américo Martín, Miembro de la Coordinadora Democrática

LA IZQUIERDA DEMOCRÁTICA Y EL NEOP0PULISMO

1. El enorme respaldo obrero que el peronismo naciente recibió desde 1943 y 1946 agitó los laboratorios teóricos del partido comunista argentino, a la sazón enemigo jurado de un movimiento aliado del eje y por tanto adversario de la patria del socialismo, del edén proletario. Con el instrumento marxista en la mano, Gino Germani postuló una reconfortante teoría, como casi todas las de ese origen desprovista de pruebas. Dijo, y así fue consagrado en Argentina y el mundo por el movimiento comunista internacional, que las violentas migraciones provocadas por la rápida urbanización habían cambiado la composición del proletariado debido la irrupción masiva de campesinos transformados abruptamente en obreros. No tenían aún conciencia de clase y por tanto se dejaban ganar por la ideología fascista de Perón. Años más tarde la investigación culminada por el profesor Matsushita desmanteló semejante explicación, al poner en evidencia que habían sido los obreros viejos, entrenados en la lucha de clases y el debate socialista, las columnas del peronismo. Años más tarde, el socialismo comenzará abiertamente a rescatar a Perón. El intelectual de la izquierda peronista, J.J. Hernández Arregui podrá decir: soy peronista porque soy marxista. Velasco Alvarado en Perú, Omar Torrijos en Panamá, autócratas populistas, al igual que Perón, serán asumidos como genuina expresión suya, por la izquierda hemisférica, como ya antes lo había sido Fidel Castro. El populismo nace con Perón y para Perón. Derrochando a todo dar el ingreso fiscal e imponiendo por vía legislativa a la iniciativa privada una costosa remuneración laboral, puede decirse que sacrificó el futuro para conquistar el presente. Perón arruinó a Argentina pero se sembró con la fuerza del mito en el corazón de los cabecitas negras y de los intelectuales de izquierda de la patria de Alberdi. Pero desde su nacimiento, el populismo llevaba dos rasgos indelebles: la vocación autoritaria y el gasto social sin contrapartida de ingresos. La inflación, transitoriamente contenida por controles de cambio, precios e intereses, contribuía a perjudicar el crecimiento y desarrollo de la economía. El legado del populismo ha sido simple en su perversidad: deterioro de las instituciones democráticas, justificación de caudillos a los que no alcanza la ley, impresionante extensión de la pobreza.

2. El vocablo izquierda nunca había dicho mucho, pero tuvo siempre la ventaja de la sencillez, rasgo importantísimo para mantener la lealtad de los militantes. Pero a lo largo de los 70 años del pasado siglo dominados por las ideologías duras del mundo bipolar, fue siempre cómodo distinguir entre la izquierda radical, adherida al mundo real del socialismo; la derecha anticomunista, vinculada a occidente, y la izquierda reformista o democrática, cuyo emblema sería la ingenua adopción de un sistema más o menos anticapitalista en lo económico, pero democrático en el dispositivo político-institucional. Con la caída del muro naufragaron las ideologías duras y el pensamiento socialista entró en su particular travesía por el desierto, de la cual aún no ha salido claramente. Considero que si ha de conservar los vocablos de socialista e izquierda, lo hará más por razones de heráldica que por imperativo de la realidad. A la confrontación izquierda radical, izquierda democrática, centro derecha y derecha radical, hay que oponerle el conflicto actual entre neopopulismo con alto grado de intervencionismo y controles de la economía, liberalismo sin controles y ciertas formas de pragmatismo que obren en el marco de la liberación de la economía y de la incorporación al capitalismo global. Los nuevos parámetros, pues, mucho más pertinentes que aquellas denominaciones apriorísticas de dudosa sustancia, son el liberalismo de mercado y el intervencionismo populista. Entre una y otra expresión, las distintas variedades del pragmatismo.

3. La muerte del socialismo real, la autarquía fidelista, más extrema que la de José Gaspar Rodríguez de Francia -el Supremo- quien supera por vuelo intelectual a la diabólica aventura de la desdichada Cuba, produjo un naufragio de fanatismos. Perdida la causa del socialismo, migraron en busca de emblemas. Revolucionarios sin causa, pronto se aferrarán a aquellas que puedan perturbar el desarrollo capitalista y el fortalecimiento institucional de la democracia. Los nuevos demonios serán el neoliberalismo y la globalización, los nuevos agentes revolucionarios: las etnias aborígenes, la defensa ambiental, la conservación de la identidad nacional. Al igual que las viejas consignas, éstas se han desentendido de la realidad. La defensa del ambiente, necesidad de sobrevivencia del género humano, ofrece resultados miserables cuando se la usa como arma de demolición política. Bajo el actual gobierno de Venezuela, por ejemplo, la destrucción del medio, la ruptura del equilibrio ecológico, la contaminación de lagos y ríos, la aniquilación de la capa vegetal en áreas frágiles, el deterioro del paisaje y de modo especial la depredación ambiental impulsada por la expansión de la mancha de la pobreza, han alcanzado alturas de vértigo. No obstante, insensible a esas evidencias acusadoras, el régimen sigue adelante con la cháchara de la revolución de los pobres, que protege la biodiversidad. Zinoviev, el escritor reformista (no el desafortunado compañero de Lenin), homologó el totalitarismo a la mentira institucionalizada. La logocracia, el dominio absoluto de la palabra, en medio de la completa domesticación de todo lo que sea diverso, resume admirablemente la esencia de un sistema totalitario. La verdad es siempre revolucionaria, dijeron en su tiempo La Salle y Rosa Luxemburg. Se equivocaron. Debieron decir que la verdad es siempre antitotalitaria. Vivir en la verdad es una forma de resistir la marcha blindada de la autocracia.

4. El gran desafío afrontado por la socialdemocracia europea (o izquierda democrática, según la antigua terminología) y por gobiernos de parecida investidura, como el del exitoso presidente Ricardo Lagos, consiste en participar consciente e inteligentemente en el fenómeno globalizador, de modo que el costo de hacerlo sea ampliamente compensado por el acceso a la tecnología y la modernización organizacional más avanzadas. Es ese, podríamos decir, el nuevo nombre del pragmatismo. Frente a estos fenómenos, aprovechando el subproducto de la pobreza, las inequidades y la convivencia poco amable de áreas modernas y áreas subdesarrolladas, se levantan las operaciones destructivas, de fuerte anacronismo que aglutinan estratégicamente todos los resentimientos, justificados o no. El financiamiento del terrorismo, la conspiración destinada a conjurar los esfuerzos de recuperación democrática, configuran un panorama gravemente conflictivo. Dominadas por un nacionalismo a ultranza, favorecen el regreso de los controles y se orientan a desanimar la inversión privada y destruir capacidades productivas fuera del ámbito de la propiedad estatal. Han querido encontrar un filón en la postergación indígena. Sin programa, sin fórmulas alternas, impregnan sus políticas de negatividad y de hostilidad al desarrollo, la tecnología y los tecnócratas.

5. Los sucesos de Bolivia, Ecuador, Venezuela, con su búsqueda de liderazgos mesiánicos que sobreponen lo que llaman el nacionalismo a la democracia, delatan la configuración de una nueva internacional revolucionaria. La presión es tan intensa que sectores de la izquierda democrática quisieran complacerla retomando los dos temas del populismo original: la consagración de gendarmes necesarios y las prácticas de gasto social apuntaladas en deuda e inflación y sin contrapartida de ingresos ni de inversión productiva. El futuro de la izquierda democrática se define ahora entre la resistencia a la ofensiva totalitaria, armada ahora con formas de terrorismo desconocidas en nuestro pasado, y la voluntad democrática que se fortalece con el crecimiento de la economía y la integración a los mercados globales. Colombia, asediada por el terrorismo extremo que se ha vinculado a una internacional profundamente antidemocrática, Bolivia atenazada en una transición difícil, Ecuador amenazado por fuerzas del mismo signo y Venezuela entre la plenitud democrática que se abre paso por la civilizada forma del referendo revocatorio y la obsesiva manía perpetuadora que se refugia en la violencia de signo totalitario. Entre la libertad y el miedo, que dijera Germán Arciniegas, vuelve a ventilarse el porvenir de América Latina y el de todas las ideologías.

 

 

 

       

 



 

Presidente de Fil

 

Mario Vargas Llosa


Conferencia Internacional:

"UNA VISION MODERNA PARA AMERICA LATINA"
Washington, 30 de Septiembre de 2003

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